


El cambio climático afecta directamente a la salud humana a través de olas de calor, contaminación atmosférica, propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos (como dengue o malaria) y el agravamiento de crisis sanitarias derivadas de catástrofes naturales. La OMS estima que entre 2030 y 2050 el cambio climático causará unas 250.000 muertes adicionales cada año por malnutrición, diarrea y estrés térmico. Además, fenómenos extremos como inundaciones o sequías reducen la disponibilidad de agua potable y alimentos, debilitando los sistemas inmunológicos y aumentando las desigualdades en salud.

Las medidas de mitigación incluyen la reducción de emisiones contaminantes mediante energías renovables, transporte sostenible o ciudades verdes. Estas no solo frenan el calentamiento global, sino que mejoran la calidad del aire y, por tanto, la salud respiratoria y cardiovascular de la población.

En paralelo, las medidas de adaptación buscan fortalecer los sistemas sanitarios, preparar planes de prevención frente a olas de calor o epidemias y garantizar acceso equitativo al agua y la alimentación, especialmente en comunidades vulnerables.

En el ámbito educativo, trabajar el vínculo entre clima y salud permite al alumnado comprender cómo sus estilos de vida impactan en el bienestar colectivo. Se pueden diseñar actividades que promuevan hábitos saludables y sostenibles (alimentación local y de temporada, movilidad activa como caminar o ir en bicicleta, reducción del consumo energético), fomentando la conciencia sobre la interdependencia entre ecosistemas sanos y sociedades sanas. Desde la educación ecosocial y para la ciudadanía global, se refuerza la idea de que cuidar el clima es también defender el derecho humano a la salud, con un enfoque local-global que conecta la experiencia cotidiana con los desafíos globales.

Enfoque de derechos: El derecho a la salud, reconocido en tratados internacionales, depende de condiciones ambientales básicas: aire limpio, agua potable, alimentos seguros y un entorno libre de riesgos graves. El cambio climático pone en riesgo estos elementos al incrementar enfermedades respiratorias, la malnutrición, la propagación de epidemias y las muertes por olas de calor. Por tanto, garantizar el ODS 3 implica asumir que la lucha contra la crisis climática es una obligación de derechos humanos.

Enfoque feminista y de género: Los impactos climáticos afectan de manera diferenciada a mujeres y hombres debido a desigualdades estructurales en el acceso a recursos, cuidados, alimentación o servicios sanitarios. En muchos contextos, las mujeres asumen mayores responsabilidades en el cuidado de la salud familiar y en la gestión del agua o los alimentos, por lo que sequías, olas de calor o crisis alimentarias aumentan su carga de trabajo y su vulnerabilidad sanitaria. Además, el cambio climático agrava riesgos para la salud sexual y reproductiva y aumenta la exposición a violencia en contextos de crisis.
Un enfoque feminista del ODS 3 promueve políticas climáticas que integren igualdad de género, acceso equitativo a servicios de salud y participación de las mujeres en la toma de decisiones climáticas. La educación puede trabajar estas cuestiones analizando las desigualdades de género en la salud climática y fomentando una ciudadanía crítica y comprometida con la justicia social y ambiental.

Enfoque local-global: Aunque la crisis climática es un fenómeno global, sus impactos sobre la salud se manifiestan en contextos locales. Por ejemplo, en España aumentan las olas de calor y los problemas de contaminación urbana, mientras que en países del Sur global crecen enfermedades vectoriales y la inseguridad alimentaria. El enfoque local-global permite comprender estas interdependencias: las emisiones generadas en un territorio afectan la salud de comunidades lejanas, y las soluciones locales —como transporte sostenible o ciudades verdes— contribuyen a una mejora global.

La relación entre el ODS 3 y el cambio climático no es solo ambiental o técnica: es profundamente ética y política. Requiere entender la salud como un derecho universal, interconectar lo local con lo global, y situar la justicia global como eje para enfrentar las desigualdades en un mundo en crisis climática.